Larry Tadino
Wittgenstein
como Fodor han ocupado en sus estudios la cuestión de la existencia o no de un
lenguaje privado, esto es, de un lenguaje distinto de los lenguajes
públicos o naturales. En el primero, es
la no existencia de un lenguaje privado.
Para Wittgenstein, un lenguaje es un conglomerado de juegos
(juegos lingüísticos), los cuales estarán regidos cada uno por sus propias
reglas. El asunto está en comprender que estas reglas no pueden ser privadas,
es decir, que no podemos seguir privadamente una regla. La razón está en que el
único criterio para saber que seguimos correctamente la regla está en el uso
habitual de una comunidad, por ejemplo: si me pierdo en una isla desierta, y
establezco un juego para entretenerme, al día siguiente no puedo estar seguro
de si cumplo las mismas reglas que el día anterior, pues bien podría fallarme
la memoria o haber enloquecido. Lo mismo ocurre con los juegos de lenguaje:
pertenecen a una colectividad y nunca a un individuo sólo.
Esto tendrá
importantes consecuencias para la moderna Filosofía de la Mente,
pues ¿qué sucede con esos términos que refieren a nuestras experiencias
privadas, los llamados términos
mentales?
Así lo refiere Martínez Freire (1988):
Seguir una regla
para nuestro autor (Wittgenstein) comporta tres aspectos. En primer lugar,
seguir una regla u obedecerla supone una obligación por parte del que la sigue
así como un apremio o fuerza por parte de la regla, de tal manera que el que
sigue la regla advierte que algo debe ser hecho. En segundo lugar, seguir una
regla no es una acción aislada o propia de una persona concreta, sino que es
una actividad generalizable, repetible y socialmente compartida…Y en tercer
lugar, obedecer una regla puede convertirse en algo dudoso, de modo que cuando
seguimos una regla podemos equivocarnos (p. 360)
Por tanto, para obedecer una regla no basta con creer que se la
obedece, sino que es preciso obedecerla realmente, y para
ello debe ser seguida públicamente. O dicho de otro modo, las reglas de los
juegos lingüísticos no son privadas, sino sociales y públicas. En síntesis,
para Wittgenstein un lenguaje privado no cumpliría las funciones generales de
comunicar a otro y de influir sobre otro, no es un auténtico lenguaje.
Por otro lado, se presenta la defensa de la tesis de que existe un
lenguaje privado (lenguaje del pensamiento). Por ello Fodor se refiere a la
teoría representacional de la mente (de
acuerdo con la cual las actitudes proposicionales son relaciones que mantienen
los organismos con las representaciones mentales) y la teoría computacional de
la mente (de acuerdo con la cual los procesos mentales sólo tienen acceso a las
propiedades-formales-no semánticas de las representaciones mentales a partir de
las cuales se definen).
Tal como lo señala Martinez Freire: “el lenguaje del pensamiento
postulado por Fodor es un lenguaje interno, y en este sentido privado, de los
seres humanos, previo a los lenguajes públicos o naturales, exactamente del
mismo modo que el lenguaje de máquina de un ordenador es previo a cualquier
lenguaje de programación” (p.363)
Ahora bien, nos surgen algunas dudas: a) ¿por qué un lenguaje natural no
es un lenguaje privado?; b) ¿cuál(es) de estos lenguajes se desarrolla(n) y
cuál(es) se adquiere(n)?; c) según las explicaciones de Fodor, ¿él se pregunta
por el desarrollo del lenguaje privado?; d) ¿qué es innato en él?
Con todo, el autor es insistente en defender su
hipótesis en que el lenguaje del pensamiento no puede ser un lenguaje natural,
ya que de éste último se parte de que “los hablantes producen formas
ondulatorias que tienen como objetivo acomodarse a ciertas descripciones”. Asimismo,
afirma que las teorías sobre los mensajes se ven constreñidas a proporcionar
inputs/outputs para los modelos de hablante/oyente: las estructuras que
identificamos con los mensajes deberán ofrecer ámbitos adecuados para cualquier
operación cognitiva que se aplique a la información que comunique
verbalizaciones. Una de estas operaciones es la codificación/decodificación de
formas ondulatorias.
Es por ello que en el interrogante: ¿existe un
lenguaje para pensar distinto de aquel que usamos para hablar?, es totalmente
verídico.
Para concluir, podemos indicar que el pensamiento es un proceso
psicológico complejo que posee mecanismos del lenguaje. Tanto el lenguaje como
el pensamiento están alineados de forma paralela, ya que se encuentran en
estados de interacción mutua en el que la adquisición de etiquetas léxicas
permite la configuración de conceptos.
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