miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Lenguaje Privado: Wittgenstein vs Fodor


                                                                                                                                     Larry Tadino

Wittgenstein como Fodor han ocupado en sus estudios la cuestión de la existencia o no de un lenguaje privado, esto es, de un lenguaje distinto de los lenguajes públicos  o naturales. En el primero, es la no existencia de un lenguaje privado. 

Para Wittgenstein, un lenguaje es un conglomerado de juegos (juegos lingüísticos), los cuales estarán regidos cada uno por sus propias reglas. El asunto está en comprender que estas reglas no pueden ser privadas, es decir, que no podemos seguir privadamente una regla. La razón está en que el único criterio para saber que seguimos correctamente la regla está en el uso habitual de una comunidad, por ejemplo: si me pierdo en una isla desierta, y establezco un juego para entretenerme, al día siguiente no puedo estar seguro de si cumplo las mismas reglas que el día anterior, pues bien podría fallarme la memoria o haber enloquecido. Lo mismo ocurre con los juegos de lenguaje: pertenecen a una colectividad y nunca a un individuo sólo. 

Esto tendrá importantes consecuencias para la moderna Filosofía de la Mente, pues ¿qué sucede con esos términos que refieren a nuestras experiencias privadas, los llamados términos mentales

Así lo refiere Martínez Freire (1988):
Seguir una regla para nuestro autor (Wittgenstein) comporta tres aspectos. En primer lugar, seguir una regla u obedecerla supone una obligación por parte del que la sigue así como un apremio o fuerza por parte de la regla, de tal manera que el que sigue la regla advierte que algo debe ser hecho. En segundo lugar, seguir una regla no es una acción aislada o propia de una persona concreta, sino que es una actividad generalizable, repetible y socialmente compartida…Y en tercer lugar, obedecer una regla puede convertirse en algo dudoso, de modo que cuando seguimos una regla podemos equivocarnos (p. 360)
Por tanto, para obedecer una regla no basta con creer que se la obedece, sino que es preciso obedecerla realmente, y para ello debe ser seguida públicamente. O dicho de otro modo, las reglas de los juegos lingüísticos no son privadas, sino sociales y públicas. En síntesis, para Wittgenstein un lenguaje privado no cumpliría las funciones generales de comunicar a otro y de influir sobre otro, no es un auténtico lenguaje. 

Por otro lado, se presenta la defensa de la tesis de que existe un lenguaje privado (lenguaje del pensamiento). Por ello Fodor se refiere a la  teoría representacional de la mente (de acuerdo con la cual las actitudes proposicionales son relaciones que mantienen los organismos con las representaciones mentales) y la teoría computacional de la mente (de acuerdo con la cual los procesos mentales sólo tienen acceso a las propiedades-formales-no semánticas de las representaciones mentales a partir de las cuales se definen).

Tal como lo señala Martinez Freire: “el lenguaje del pensamiento postulado por Fodor es un lenguaje interno, y en este sentido privado, de los seres humanos, previo a los lenguajes públicos o naturales, exactamente del mismo modo que el lenguaje de máquina de un ordenador es previo a cualquier lenguaje de programación” (p.363)

Ahora bien, nos surgen algunas dudas: a) ¿por qué un lenguaje natural no es un lenguaje privado?; b) ¿cuál(es) de estos lenguajes se desarrolla(n) y cuál(es) se adquiere(n)?; c) según las explicaciones de Fodor, ¿él se pregunta por el desarrollo del lenguaje privado?; d) ¿qué es innato en él?

Con todo, el autor es insistente en defender su hipótesis en que el lenguaje del pensamiento no puede ser un lenguaje natural, ya que de éste último se parte de que “los hablantes producen formas ondulatorias que tienen como objetivo acomodarse a ciertas descripciones”. Asimismo, afirma que las teorías sobre los mensajes se ven constreñidas a proporcionar inputs/outputs para los modelos de hablante/oyente: las estructuras que identificamos con los mensajes deberán ofrecer ámbitos adecuados para cualquier operación cognitiva que se aplique a la información que comunique verbalizaciones. Una de estas operaciones es la codificación/decodificación de formas ondulatorias.

Es por ello que en el interrogante: ¿existe un lenguaje para pensar distinto de aquel que usamos para hablar?, es totalmente verídico. 

Para concluir, podemos indicar que el pensamiento es un proceso psicológico complejo que posee mecanismos del lenguaje. Tanto el lenguaje como el pensamiento están alineados de forma paralela, ya que se encuentran en estados de interacción mutua en el que la adquisición de etiquetas léxicas permite la configuración de conceptos.

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