lunes, 6 de agosto de 2012

Nuevas tecnologías en la democracia deliberativa


                                                                                                                                  Larry Tadino

     En el campo de la filosofía política contemporánea, encontraremos gran parte de los fundamentos teóricos de la democracia deliberativa, en dos autores muy importantes: John Rawls y Jürgen Habermas. Ambos definen una visión del sistema político apoyado en principios o decisiones morales que deben garantizar condiciones de parcialidad, universalidad y respeto a la autonomía personal.

     Tal como lo señala José Luís Martí: “La idea central de la democracia deliberativa es que las decisiones políticas sólo son legítimas cuando son el resultado de una amplía deliberación democrática que implica, por una parte, la participación de todos los potenciales afectados y, por otra, la posibilidad presentar, discutir y aceptar o rebatir los argumentos que cada uno pueda presentar a favor y en contra de las diferentes alternativas de decisión” (p. 7). 

     La democracia deliberativa implica tener un objetivo o un propósito determinado: uso Racional de la capacidad de juicio, es decir, cada ciudadano como actor político, bien dicho por Martí, “deben tener el derecho efectivo a participar si así lo desea, y debe tener el tiempo necesario para examinar con rigor la información relevante para tomar la decisión”, es por ello que la democracia deliberativa permita al ciudadano desarrollar varios niveles dentro del espacio público ser dueño del problema y responsable por las decisiones, generar conocimiento acerca del problema, redefinir su concepto de comunidad, entre otros. 

     Habermas por ejemplo, relaciona el problema de la participación con el de la legitimidad. Desde el punto de vista de la teoría de la acción comunicativa, la legitimidad política es el resultado de procesos activos de formación de consensos de que dicho sistema político es justo y adecuado, y no consiste en la mera aceptación pasiva de una legalidad que ejerce una minoría gobernante. Si la construcción de la legitimidad política no puede ser sino el producto constante de procesos comunicativos racionales en el espacio público, con mayor razón las principales decisiones políticas debe ser producidas por dichos procesos participativos comunicativos.

     Por lo tanto, partiendo de estos supuestos, Martí considera la importancia de las TIC pueden ser muy útiles para fomentar la deliberación democrática tanto en el ámbito institucional como en la esfera pública no institucional, como de hecho ya está sucediendo. La deliberación es un proceso abierto y estructurado a la vez, que las nuevas tecnologías serían un medio más no un fin en sí mismo.

     Es por ello, que las nuevas tecnologías buscan de alguna manera potenciar la democracia deliberativa en todos aquellos que  permiten hacerla creíble y mostrar con hechos que ése debería ser el procedimiento habitual en la vida cotidiana para decidir con justicia en cuestiones vitales que afectan a todos. Que debería convertirse en costumbre el diálogo de quienes están dispuestos a argumentar y también a dejarse convencer con argumentos, y lo otro, el recuento de votos sin auténtico diálogo, debería ser lo excepcional, no digamos ya la imposición.

No hay comentarios:

Publicar un comentario