lunes, 5 de abril de 2010

¿Existe el punto de no retorno?


Debemos conocer el mundo que nos rodea para poder encontrar un lugar en él, así, « el mundo es hoy más único que nunca, pero nunca estuvo tan dramáticamente fragmentado. La proximidad que la inmediatez propiciada por los medios de comunicación parece dar, es sólo un espejismo» para Touraine en su obra “Crítica a la Modernidad”, era preciso la recomposición de la idea de la modernidad. En tanto que, la humanidad se enfrenta así al verdadero desafío fundamental: «integrar el universo mayoritariamente técnico y económico de los países ricos, con la lucha por la supervivencia, el bienestar y la identidad cultural, por parte de los países empobrecidos».
Sin embargo, Mircea Eliade en su obra, “El Mito del Eterno Retorno” señala que, estudiar ciertos aspectos de la ontología arcaica: las concepciones del ser y la realidad que pueden desprenderse del comportamiento del hombre de las sociedades pre-modernas, como por ejemplo, el símbolo, el rito, el mito, expresan un complejo sistema de afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas, es decir, agrupa una realidad que se adquiere exclusivamente por repetición o participación, todo lo que no tiene un modelo ejemplar está provisto de sentido; es decir, los hombres tendrán la tendencia a hacerse arquetipos.

Lo cierto es que el hombre en su situación misma, pueda repetirse o no; esto será bajo un destino histórico. No cabe duda, de la comparación entre: el hombre histórico moderno, que presenta la cuestión que sabe y quiere ser creador de historia y el hombre de las civilizaciones tradicionales, que mantienen una actitud negativa frente a la historia. Es importante destacar, dentro de ciertas críticas el caso particular de un posmoderno, quien describe su actitud filosófica en términos que muestran la ruptura que se genera entre él y el humanismo moderno.
Nietzsche llegará a proponer que la doctrina del eterno retorno ocupe el lugar de la metafísica y de la religión, más que una descripción del mundo, es un principio de selección de todos aquellos instantes de nuestra vida que vale la pena conquistar, es decir, nos pide que “elijamos vivir y revivir en función del criterio de la repetición eterna de lo mismo”.
Desde mi punto de vista, la aseveración de la repetición de lo mismo, de acuerdo a lo que más vale la pena, es totalmente relativo y extraño, si bien el retorno no es posible ni deseable, en lo que respecta a un proceso histórico cíclico, de modo que el hombre debe colocarse en un horizonte histórico, en el cual tendría derecho a ver la concepción tradicional y la concepción moderna; de la libertad y de la novedad, descubriendo nuevas o diferentes perspectivas de lo que significa el cambio, dilucidando aquella ruptura de un principio, o en mayor medida una época, es decir; sí su causa permanece todavía ignorada se retorne a un punto de origen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario